Carta de José Salvany #2
| Estado | Transcrito |
|---|---|
| Fecha | |
| Folio | 1322 - 1323 |
| From (remitente) | José Salvany |
| Place | Lima |
| To (destinatario) | José Antonio Caballero - Ministro de Gracia y Justicia |
[1322]
Excelentísimo Señor
El explicar a Vuestra Excelencia cuanto han padecido los individuos que la piedad de nuestro soberano, y la de Vuestra Excelencia eligieron para el completo desempeño de la Real Expedición Filantrópica, y principalmente para el ramo de esta, que tengo el honor de mandar, es casi imposible: solo aquel que con alguna prolijidad hubiese viajado por este vasto y dilatado continente podría dar una muy ligera pintura de los inmensos trabajos que hemos padecido; más dudo Señor Excelentísimo haya quien pueda hacerlo, respecto de acostumbrar los que por aquí viajan, y principalmente en el Nuevo Reino de Granada, emprender sus marchas en tiempo favorable, y aún en este aseguro a Vuestra Excelencia que son tantas las justas exclamaciones que despiden cuantos los continuos y muy frecuentes riesgos, que se ofrecen de perder la vida.
Los individuos de la Real Expedición animados solamente de un filantrópico celo, y de ser útiles a estos fieles vasallos del piadoso Carlos, que en la sazón estaban la mayor parte sufriendo los crueles estragos del contagio varioloso han arrastrado y vencido con cuantos obstáculos y dificultades se han presentado al objeto de llevar cuanto antes la acción más generosa y benéfica, que pudo meditar, la experiencia compasiva: acción solo propia de un católico monarca, y de un sabio y religioso ministro.
No nos han detenido ni un solo momento la falta de caminos, precipicios, caudalosos ríos, y despoblados que hemos experimentado, mucho menos las aguas, nieves, [1322v] calores, hambre, y sed que muchísimas veces hemos sufrido. Los rigores que nos ofreció el cruel contagio a nuestros primeros pasos sirvieron de estímulo para dar un brillante fin a las nobles y humanísimas tareas, que nos rigen, admirando estas a cuantos nos ven y tratan, y convenciéndose claramente de ser no el origen de ellas la muy miserable paga que disfrutamos con la que, por más que procuremos, no alcanza para nuestro necesario sustento, si solamente los deseos que poseemos de agradar a nuestro amado Rey, y a Vuestra Excelencia.
¿Y qué se dirá Señor Excelentísimo si al expresado casi insufrible padecer se agrega el haber de ir necesariamente con criaturitas conduciendo en sus brazos el maravilloso preservativo? Qué el haber de tratar forzosamente con gentes de vario color y carácter? Y qué finalmente se dirá sobre lo mucho que hemos trabajado para persuadir a los indios al objeto de que firmemente creyeran en la eficaz virtud de la vacuna? Si con tanto honor mío no tuviere la dicha de escribir a un héroe a quien reconozco lleno de los más solidos y superiores conocimientos, procuraría manifestar mas extensamente nuestros trabajos, aunque confieso que jamás llegaría mi corta pluma a formar un verdadero rasgo de ellos.
En este supuesto y en atención de conocer que para que en estos países brille más el interés que mi amado monarca y Vuestra Excelencia han tomado en la creación de la Real Expedición, e igualmente para que se forme un más elevado concepto de ella acerca de la que con ansia se esperan sus resultados, a Vuestra Excelencia rendidamente suplico se digne elevar esta mi petición a la alta noticia del soberano, y proponerle [1323] que se sirva premiar a los tres mis subalternos Don Manuel Grajales, Don Rafael Pérez, ayudantes facultativos, y al enfermero Don Basilio Bolaños: a los primeros con los honores de Cirujanos de Cámara, y a este con los de Conserje del Real Palacio, o bien con otra distinción, si fuese de su Real agrado, y mereciere la superior aprobación de Vuestra Excelencia.
No solicitaría Excelentísimo Señor estos honores para los tres mis amados compañeros, a no estar firmemente persuadido que son acreedores a un más elevado premio, y si no conociera el mérito que ellos han traído cuantos vecinos ilustrados habitan en estos países. El expuesto padecer de ellos, y las sabias luces de su facultad, que le adornan, me animan a esta súplica, la que espero será del agrado de Vuestra Excelencia.
Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años. Lima y Octubre 1° de 1806.
Excelentísimo Señor
Josef Salvany
Excelentísimo Señor Don Antonio Caballero, Secretario de Estado, y del Despacho universal de Gracia y Justicia etcétera.